Violencia en la infancia y adolescencia
Violence in Childhood and Adolescence
Néstor Zawadzki Desia, MD1
Lamentos y dolor se expanden en el aire a un ritmo de unos trescientos metros por segundo.
Después de propagarse durante tres segundos son completamente inaudibles. Aldous Huxley
¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Caín
RESUMEN
Frente a la realidad de que la violencia no solo ha aumentado
sino que se manifiesta a edades más precoces, el presente
artículo de revisión pretende resumir algunos conceptos
sobre las cuestiones relativas a la violencia en la infancia y
adolescencia. Se consideran algunas teorías sobre las condiciones
y causas de este problema. A tal efecto se recurrió a
las fuentes bibliográficas más accesibles a los pediatras del
Paraguay, incluyendo sitios de Internet reconocidos. Como
un apartado especial se resumen conceptos sobre intimidación
(Bullying) por tratarse de un problema que padecen muchas
víctimas de colegios públicos y privados del país y que
constituye una de las manifestaciones iniciales de actividades
criminales en la vida adulta en los victimarios. Entre los elementos
relacionados con la violencia se analiza la incidencia
de los medios de comunicación y la cuestión de las armas de
fuego, incluyéndose un análisis inédito sobre la letalidad de
armas de fuego en pacientes que ingresan al Centro de Emergencias
Médicas.
Considerando el rol fundamental como asesor y consejero,
se ofrecen al pediatra algunas recomendaciones para
padres y docentes cono una manera de sumar esfuerzos para
disminuir la violencia en nuestro país. Se sugieren algunas
películas y textos no científicos para contribuir y fomentar un
espacio de reflexión sobre este tema.
Palabras claves: violencia niños, adolecentes, intimidación,
bullying, armas de fuego.
ABSTRACT
Faced with the reality that violence has not only increased,
but also that it is presenting at younger ages, this article
attempts to summarize some concepts related to the question
of violence in childhood and adolescence. Some theories
concerning the causes and conditions of the problem are
considered. For this purpose the bibliographic sources most
accessible to pediatricians in Paraguay were used, including
recognized Internet sites. In one section the question of bullying
is considered, since this is a problem faced by many
public and private school students in Paraguay, and one which
is an early predictor of future adult criminal activity by the
victimizer. Among the elements related to violence analyzed
is the role of the media and the question of firearms, including
a unpublished analysis of the lethality of firearms in patients
entering the national Emergency Medical Center.
Considering the fundamental role of the pediatrician as
counselor and advisor, recommendations are offered to pass
on to parents and teachers in order to join forces and attempt
to reduce the level of violence in Paraguay. Some non-scientific
films and texts are recommended to promote and contribute
to consideration of this topic.
Key words: Violence, Childhood, Adolescent, Bullying,
Firearms.
Si bien en los últimos años la cuestión de la violencia
infanto juvenil cobró marcada relevancia en el
contexto de las noticias e informes periodísticos, la humanidad
registra una tendencia a conductas violentas
desde los primeros registros históricos.
El homo-sapiens
a medida que fue incorporando mayores conocimientos
y tecnologías perfeccionó su fase de homohominis-
lupus. (El hombre lobo del hombre - Thomas
Hobbes - 1588 / 1679 - filósofo británico)
La mitología del Paraguay abunda en relatos de seres
fantásticos que engañan, lastiman raptan y violan a
los niños y niñas que caen bajo sus hechizos. Es interesante
notar como, en estas historias de transmisión oral,
las diversas etnias autóctonas consideraban a los actos
violentos como una condición “del mal”, que frecuentemente
se asociaba a la embriaguez. Tal vez, creadas
para evitar que niños y niñas se alejaran de la vigilanciade los adultos, estos relatos incorporaron fuerzas de la
naturaleza, aves autóctonas y otros fenómenos como
advertencia del peligro.
Llamativamente asociaron
al homicidio la “revelación imprevista de la naciente
tortura del remordimiento”. Por otro lado elaboraron
hábitos y costumbres para la convivencia pacífica y armoniosa
entre los cuales se incluye el tereré. (Infusión
fría de yerba mate (Ilex paraguaiensis) que se ingiere
por una bombilla o canuto de bambú) (1,2).
De las matanzas de Herodes por conservar el poder,
hasta las condiciones económicas actuales que determinan
que día a día millones de niños y niñas deban salir a
trabajar o prostituirse, la infancia siempre fue víctima de
violencia. Sin embargo en la actualidad podemos comprobar
que cada vez mas y precozmente, niños, niñas y
adolescentes son parte activa como protagonistas de actos
de violencia; contra la sociedad, contra otros niños y
niñas y contra si mismos.
Nuestro siglo y sus urgencias erradicaron las ceremonias
que mantenían la identidad comunitaria en torno
a la familia como depositaria y a la vez transmisora
de las tradiciones, normas morales y conductas éticas,
sustituyéndolas por mitos urbanos existencialistas basados
en la protección narcisista de la imagen modelada
deliberadamente por el “cincel” mediático.
Es así
que vivimos memorias prestadas e identidades fugaces.
La necesidad de exhibir cada modelo de vida establece
alianzas inconscientes o rechazos, que refuerzan o modifican
las características individuales.
Es en la adolescencia donde se generan los mayores
conflictos para establecer una identidad compatible
con las normas de conducta exigidas en los diferentes
ámbitos de interacción manteniendo la condición de independencia
en evolución: el adolescente quiere ser “libre”.
De su interacción con las comunidades educativas,
religiosas y de los adultos en general se generan expectativas
comunes que pueden o no diferir de los modelos
que ofrecen las mismas; esto es, el concepto de ley
como normas y costumbres de convivencia que enmarcan
el entorno del ejercicio de ese anhelo de libertad.
En cambio otros ámbitos de relacionamiento como los
amigos y compañeros, comunidad deportiva, oferta cultural,
presión mediática, etc., pueden requerir, compartir
y hasta generar modelos contrapuestos.
De esta manera
declina la idea de la ley como condición de libertad; ¿se
gana la libertad cumpliendo la ley o transgrediéndola?
Las nuevas funciones y pautas de desempeño adquiridas,
conservando la continuidad del yo (sentirse
uno mismo a través de los cambios) constituyen el proceso
dinámico que llevaría a la integración social en un
momento histórico y dentro de un espacio ecológico
(ambiente). (El término ambiente o ambiental será utilizado
desde el concepto del modelo de los ambientes
o nichos ecológicos de Bronfenbrenner, 1979 micro-,
meso- y exo- y macrosistema)
Relacionando así conducta con los objetivos propuestos
por el sistema social y las modalidades o medios
sociales para alcanzarlos, se establecen los siguientes
mecanismos para obtenerlos (Merton 1964) (3):
• Conformidad (aceptación de los objetivos y los
medios consensuados)
• Innovación (aceptación de los objetivos, pero
con medios distintos para alcanzarlos)
• Ritualismo (aceptación de los objetivos privilegiando
el orden como valor y la repetición de las
conductas de los medios ofrecidos)
• Deserción (abandono de la vigencia de los objetivos
y los medios sociales)
• Rebelión (rechazo de los objetivos y medios sociales
adoptando una actitud de beligerancia y
ruptura con el sistema social) (4)
Se establece entonces una correlación entre los tipos
de vinculación adolescente-sociedad y el grado de
conflicto o seguridad según la clase de relación.
Las
modalidades que mayor conflicto generan son la innovación,
la deserción y la rebelión.
Asumiendo que las conductas violentas no son una
realidad nueva en la historia de la humanidad, debemos
aceptar, sin embargo, que las formas de violencia
son más complejas y precoces en nuestros días y que
la tecnología juega un papel preponderante como modelador
ideológico y como instrumento.
Desde los 13
años en los varones la pacificadora ronda de mate o
tereré donada como ofrenda de convivencia armoniosa
por la princesa Ka’á , fue substituida por un cóctel de
alcohol, drogas psicotrópicas (5) y bebidas energizantes
condicionando la actitud del adolescente hacia el
descontrol sin medir las consecuencias, ante la mirada
atónita de una sociedad compuesta por padres ausentes
(o “presentes tardíos”), una escuela obsoleta y desbordada
y un estado sin ley y sin modelos o, peor aún, con
modelos nocivos.
El objetivo de esta revisión bibliográfica no pretende
abordar en forma exhaustiva el fenómeno de la
violencia infanto-juvenil en sus diversas modalidades
y contextos, sino considerar los elementos individuales
y sociales que pueden condicionar conductas violentas
y realizar una descripción de algunas formas frecuentes
de violencia en el ámbito escolar con especial énfasis
en el fenómeno de intimidación (Bullying) sugiriendo
las intervenciones que debemos realizar los pediatras.
Hay numerosísima bibliografía mundial sobre el tema
de violencia en sus diferentes formas y ámbitos. Para
esta revisión referiremos la abundante oferta bibliográfica
de la biblioteca de la Sociedad Paraguaya de Pediatría,
sitios reconocidos en la Web y libros provistos
por librerías en el mercado local accesibles a todos los
colegas pediatras, docentes y padres que lean este documento.
Condicionantes y factores relacionados con
conductas violentas
Ortega y Gasset propuso la frase: “soy yo y mis circunstancias”.
Cuando se analizan los diferentes factores
que determinan las tendencias y actos de violencia
en la infancia y adolescencia no podemos substraer ninguno
de los elementos que interactúan y condicionan,
modelan y disparan actos violentos. Describiremos las
teorías que proponen los factores individuales (relativos
a la persona) y los factores ambientales (relativos al
ecosistema desde la formulación de Bronfenbrenner),
con énfasis en la familia, los medios de comunicación
y la escuela.
Factores individuales (6)
El tema de las conductas violentas en el ser humano
es sumamente complejo. Al analizarlas corremos
el riesgo de caer en la simplificación con postulados
superficiales o proceder a la generalización estigmatizando
grupos sociales y etarios o generar estereotipos
cuyo resultado es el prejuicio (S. Twenlow). Los mecanismos
precisos por los que se producen las conductas
agresivas están lejos de ser esclarecidos, pero se están
analizando algunos modelos y aspectos relacionados.
Dentro de los factores individuales o propios de la persona,
se consideran como causas de conductas violentas
los trastornos psiquiátricos (depresión, ansiedad,
impulsividad, megalomanía y autismo), alteraciones de
la personalidad (crueldad y pérdida de empatía, búsqueda
de sensaciones nuevas, falta de responsabilidad
y/o sanciones) y trastornos de la conducta (temor, incertidumbre
y necesidad de canalizar la angustia y la
agresividad).
Las conductas violentas frecuentemente
generan refuerzo positivo al ser socialmente aceptadas
como una manera expeditiva de encontrar soluciones a
los conflictos (J. Walkup). A continuación analizaremos
algunos elementos que intervienen como condicionantes
y/o determinantes de conductas violentas:
Aspectos biológicos
El neurodesarrollo cerebral se inicia desde la concepción
y continúa durante la infancia y adolescencia.
Luego del nacimiento, el primer ocurre un período de
crecimiento rápido que incluye la expansión de las redes
neuronales entre los 3 y 10 meses.
La estructuración
cerebral depende de una combinación de eventos
biológicos y factores psicosociales. Anormalidades en
este período pueden provocar efectos adversos sobre el
neurodesarrollo y generar circuitos cerebrales aberrantes,
determinando eventualmente sicopatologías.
Existen neurotransmisores asociados a la patofisiología
de la esquizofrenia y violencia. Estos actuarían
en el desarrollo temprano. Se hallaron bajos niveles de
neuropéptidos en el cerebro de ratas sometidos a una
precoz separación de sus madres y se relacionaron las
experiencias relacionales adversas con la activación del
eje hipotálamo-hipofisario-adrenal lo cual produce la
sensibilización de ciertos circuitos neuronales. Se han
correlacionado el grado de depresión materna con los
niveles de cortisol en saliva de los hijos. También hay
correlación entre los niveles de glucocorticoides maternos
y neurotoxicidad fetal; sugiriendo que las hormonas
esteroideas (dehidroepiandrosterona y esteroides gonadales)
podrían modelar las funciones conductuales en el
desarrollo temprano y generar riesgo de sicopatología.
Se identificaron neurotransmisores en lo que se
denomina neuroquímica de la agresividad. Los neurotransmisores
principalmente involucrados son: Noradrenalina,
Dopamina, Vasopresina y Serotonina. Es
importante enfatizar que los neurotransmisores no se
relacionan en forma directa con una conducta específica,
sino más bien condicionan la sensibilidad a los
estímulos y a las probabilidades de respuesta. A su vez
estas respuestas están íntimamente relacionadas con la
historia personal del individuo y su contexto (7).
Las alteraciones del neurodesarrollo asociadas a
trastornos siquiátricos y conductas violentas también
están relacionadas con complicaciones obstétricas y
anomalías físicas menores. Estudios de neurofisiología
correlacionan estructura cerebral y agresividad identificándose
alteraciones en la estructura límbica, áreas
ventromediales del hipotálamo, lóbulos frontales, zonas
orbito frontales, frontomediales y lóbulos temporales.
Los estudios con modelos animales sugieren que
estas alteraciones tienen un papel facilitador de la agresividad
pero los estudios clínicos son limitados y contradictorios.
La hipótesis de Barker (Barker 1992,1994)
propone correlacionar eventos en el origen fetal y de la
infancia temprana con alteraciones somáticas en la vida
adulta. Existen períodos sensibles del desarrollo en los
cuales la malnutrición fetal y postnatal produce efectos
negativos permanentes (8).
Teorías psicológicas
Además de los cuidados físicos y nutrición, es
esencial para el desarrollo del niño y de la niña el apego,
caracterizado por experiencias afectivas en una relación
amorosa, cálida, intima y continúa con la madre
(o su substituto).
El apego se desarrolla y fortalece en
los primeros meses de vida y continúa afianzándose
hasta alrededor de los tres años, edad en la cual puede
sentirse seguro en lugares extraños en la presencia de
una persona que asume el rol de figura de apego subordinada
(maestra, cuidadora, etc.). Se ha demostrado que
estos patrones de apego no se desvanecen si persiste la
proximidad y comunicación con las antiguas y nuevas
figuras. Los patrones de apego entre el infante y sus
padres constituyen un importante recurso para afianzar
la resiliencia en la vida.
Por otro lado la interrupción
temprana de la relación afectiva entre el niño/a y la madre se asocia a desordenes psiquiátricos que incluyen
la depresión.
Actualmente se enfatiza en la importancia del apego
prenatal, hallándose analogía entre la modalidad de
apego prenatal y postnatal y puede predecir el tipo de
relación madre-hijo/a en la vida extrauterina.
Impulsividad
Impulsividad es decidir rápidamente y sin reflexión,
es la incapacidad de diferir la respuesta sin sentir malestar.
Subyace como un componente frecuente en los
niños/as y adolescentes con conductas violentas. Esta
forma de conducta favorece las reacciones desmedidas
y la susceptibilidad a la influencia del grupo (masas).
Hay fuerte correlación entre el componente ambiental
y las reacciones impulsivas. Las teorías conductistas
sugieren que la impulsividad puede ser moderada (controlada)
por medio de condicionantes ambientales (8).
Interacción gen-medioambiente
La conducta antisocial y los trastornos de comportamiento
muestran una predisposición familiar, aunque
no se ha hallado asociación entre conductas violentas
en adolescentes y patrones familiares de conducta agresiva
que puedan explicarse por transmisión genética.
Sin embargo existe evidencia de la condición genética
como factor de sensibilización hacia los efectos de los
factores ambientales. Los genes controlan la forma en
que el sistema nervioso en desarrollo es modificado por
los factores ambientales. Por otro lado los genes determinan
las distintas formas de respuesta ante la exposición
a los factores de riesgo ambiental (6, 8).
Modelo Biopsicosocial
El modelo biopsicosocial fue creado para integrar
los aspectos biológicos, psicológicos y sociales y su
incidencia en el desarrollo.
Engel (1980) aplicó este
modelo para explicar el origen de las enfermedades
sugiriendo niveles jerárquicos de factores de riesgo;
desde el nivel molecular y celular hasta las características
sicológicas individuales y el contexto interpersonal
y social, cultural y de nación. Cada nivel de jerarquía
representa un sistema dinámico que es, a la vez, el componente
de un sistema mayor, de tal modo que ninguno
se encuentra aislado. La vida de la persona contiene
varios estadios del desarrollo que difieren en su contexto
ambiental. En la infancia temprana el ambiente
social es prácticamente idéntico al de los padres. En la
adolescencia este ambiente se amplía con la inclusión
de amigos y actividades sociales, siendo el ambiente
escolar uno de los más importantes.
Modelo longitudinal
La epidemiología del desarrollo se ocupa de explicar
como los factores de riesgo en la vida temprana generan
trastornos tardíamente como resultado de un proceso dinámico
que involucra la dimensión temporal, el desarrollo
progresivo y la interacción de los factores causales.
Factores ambientales (ecosistema)
Probablemente los mayores aportes provengan de la
información obtenida de los estudios del microsistema
del desarrollo del niño, niña y adolescente. El microsistema
es el complejo de interrelaciones dentro del entorno
inmediato. Es el nivel del ambiente mas próximo
al sujeto y está constituido por un patrón de actividades,
roles y relaciones con otros que la persona en desarrollo
experimenta en un entorno determinado; clásicamente la
familia, la escuela, el vecindario. Este ambiente ecológico
tiene una incidencia preponderante en el desarrollo
de la persona en ambos sentidos: positivo y negativo.
El rol de la familia: familias disfuncionales
Los psicólogos y psiquiatras describen las familias
disfuncionales (Multiple Problem Families (MPF) Sacco
2003) como el crisol donde se generan hijos/as con
conductas violentas.
Estas familias se caracterizan por crear bases emocionales
inestables, carencia de un modelo masculino
virtuoso y madres abrumadas por sentirse ineficientes.
En estos hogares los hijos hacen abuso de poder con
la venia parental, aunque paradójicamente, se asocian
a grupos en los que son fácilmente explotados sin la
protección de sus padres, convirtiéndose en víctimas
vulnerables a los predadores (personas que necesitan
del contexto de la violencia para beneficio personal).
Síndrome del padre ausente
Esta realidad que afecta a una gran parte de la
población infantil del Paraguay, incrementada actualmente
por la migración a España y otros países genera
un problema que exige una intervención oportuna,
pues está íntimamente relacionada con la cuestión de
violencia desde múltiples enfoques. La ausencia paterna
crónica, cuando implica la pérdida de recursos,
determina varones agresivos y mujeres con actitudes
autodestructivas.
La especial vulnerabilidad de estas
familias monoparentales las convierte en víctimas de
hombres frecuentemente agresivos y perversos, motivados
por el control sexual, emocional y económico de
la mujer (madre). La desprotección física y psicológica
de estas familias aumenta la vulnerabilidad. En Estados
Unidos los hijos de familias disfuncionales presentan
mayor incidencia de explotación sexual, ataques físicos
relacionados con su condición de vulnerabilidad (frustración,
abuso de drogas y conductas criminales para
obtenerlas). Presentan una “desnutrición” afectiva, de
estímulo y protección. Estos niños/as son frecuentemente
dominados por adolescentes agresivos.
Otro capítulo importante está determinado por la inclusión en el proceso formativo de los primeros años de
vida del niño/a de las personas cuidadoras (niñeras, personal
doméstico, familiares, etc.). Las necesidades económicas
y de realización personal exigen a los padres transferir
a terceros la responsabilidad de cuidados y desarrollo de
sus hijos en los primeros y más importantes años de vida.
Los primeros cuatro a cinco años son determinantes para
estimular todo el potencial de desarrollo del niño y de la
niña y para asentar normas morales y de convivencia. En
la mayoría de los casos los niños/as quedan al cuidado de
personas que tienden a repetir las modalidades de educación
y formación cultural carentes del medio de donde
proceden, contribuyendo aún más a la “desnutrición” social,
favoreciendo las oportunidades perdidas.
Agresión social
La agresión social se manifiesta como inclusión o
exclusión social de actividades cotidianas; sistemática
desvalorización de los logros (académicos, deportivos,
creativos o sociales), recriminaciones, mofas, burlas,
rumores y hasta ataques verbales.
Sin lugar a dudas la pobreza instalada en Latinoamérica
es el factor de agresión social relacionado con
las conductas violentas. Paraguay no es la excepción;
las carencias de todo tipo (“pandesnutrición”), tienen un
importante efecto en el desarrollo del niño/a en sentido
negativo e irreversible (9).
Para tener una idea de la magnitud
del problema es suficiente analizar los índices de
pobreza, acceso a la educación e información y salud del
país. Llama la atención que en departamentos productivos
como Itapúa, la cobertura de vacunación es alarmantemente
baja (10), o que la desnutrición aguda en escuelas
de Luque (una ciudad industrial vecina a la capital) es
de 19.8% y el riesgo de desnutrición 22.8% (11).
La pobreza y las malas expectativas de calidad de
vida obligan a miles de familias a migrar; del campo a la
ciudad, de la ciudad al exterior. Esta condición aumenta
la vulnerabilidad de algunas familias que son discriminadas
por causas culturales, sociales, económicas y
religiosas. Sucumben a la presión de las jerarquías sociales
competitivas con actitudes de sobreprotección o
rechazo y con la incapacidad de cubrir las necesidades
básicas de sus hijos aunque posean condiciones económicas
suficientes.
El lamentable resultado en los niños/as sometidos
a esta presión incluye: conductas autodestructivas en
adolescentes, actitudes negativas hacia los propios logros
(derrotismo), desórdenes por abuso de sustancias,
desórdenes alimentarios (anorexia-bulimia), depresión
y suicidio. Los padres también son afectados manifestando
alienación familiar, irritación y actitud defensiva.
El rol de los medios de comunicación:
violencia mediática
Casi simultáneamente con la familia, el elemento
cultural de mayor incidencia en el desarrollo del niño/a
está constituido por la televisión. Si bien reconocemos
el lado positivo de la televisión responsable (TV) por
su aporte a la cultura y educación, numerosos estudios
revelan los efectos negativos especialmente en los primeros
tres años de vida.
La TV afecta tanto el desarrollo
neurofisiológico como el desarrollo físico y debe
considerarse como un agente nocivo en el desarrollo
temprano. El daño es producido tanto por el contenido
de sus programas y publicidad como por las características
tecnológicas y del procesamiento de imágenes
y/o por la interferencia en los primeros años de vida
del niño/a en el relacionamiento cercano (interacción
directa) (12,13).
Cuando analizamos la relación entre TV y conductas
violentas, numerosos estudios confirman el efecto
directo que tienen las imágenes violentas de los programas
televisivos. Últimamente algunos investigadores
confirman que existe relación entre las imágenes de
violencia de programas documentales e informativos y
la percepción de que el mundo es hostil y peligroso,
produciendo incremento del temor hacia el mundo que
lo rodea (estrés), menor sensibilidad hacia el sufrimiento
y dolor de los demás (apatía) y relacionamiento agresivo
y temerario (agresividad) (14).
Diane Ackerman en su excelente libro “Magia y
misterio de la mente”, expresa en un lenguaje claro
los efectos negativos de las imágenes sobre el cerebro,
no solo de los niños y niñas, sino también de los
adultos. Ella escribe: “Como miembros de la extensa
y disfuncional familia global estamos expuestos a las
crudas visitas y sonidos del horror que perforan nuestra
memoria y se adhieren…el terror contemporáneo tiene
dientes, muerde y hiere antes de matar…Vivimos
una era loca por las imágenes, pero para la mayor parte
de la existencia humana las palabras gobiernan y lleva
tiempo analizarlas. Son demasiado abstractas para que
el cerebro se las trague enteras; necesitan ser vueltas a
imaginar en el ojo de la mente. Las imágenes, por otra
parte, son como golpes visuales. Llegan a nuestra cara
antes de que tengamos tiempo de evitarlas o imaginar
las cosas de otro modo. Horror empaquetado, sazonado
al gusto de otro, puede hacernos callar.
Experimentamos
las imágenes lo suficientemente reales como para
destruir nuestra emociones y crear nuevos circuitos de
memoria. Cuando vemos nuevamente las imágenes,
los circuitos se hacen más fuertes… Inundados por la
violencia de los medios, con nuestra inteligencia obstruida,
estamos obligados a ser testigos indefensos del
dolor de otras personas… Las imágenes de miedo, horror,
peligro y violencia golpean el hemisferio derecho
con más violencia que el izquierdo, y las personas en
quienes domina ese hemisferio pueden sentirse tan
golpeadas y agobiadas que ni siquiera las historias que
cuenta el hemisferio izquierdo logran calmarlas.” Los sentimientos de desesperanza y culpa generados por
la imposibilidad de intervenir en los acontecimientos
vividos por medio de las imágenes son desconectados
por la mente generando apatía e insensibilidad hacia el
dolor y sufrimiento ajeno.
Experiencias realizadas con SPECT demostraron
que la visión real de imágenes o la evocación de las
mismas producen la activación de las mismas áreas
cerebrales. Esto sugiere que imaginar algo detalladamente
o verlo resulta en la misma experiencia cerebral,
pensemos en lo que esto implica acerca de las escenas
de violencia en TV.
La evocación mental genera niveles
de estrés que son comparables al estrés postraumático,
mucho mas en niños/as que asumen naturalmente que
lo que se muestra en TV constituye el mundo real (15).
La acción de los medios masivos de comunicación
sobre el inconsciente colectivo es significativa y depende
de la predisposición objetiva y subjetiva de los
perceptores. La mayor relevancia que tienen los medios
masivos para el cambio directo y efectivo de opiniones
y de actitudes es cuando ofrece información. La característica
de los medios de informar siempre sobre lo novedoso,
termina minando la capacidad de asombro del
perceptor ante lo desacostumbrado. Se oculta así una
parte importante de la realidad al soslayar los procesos
sociales constantes pero vitales que realmente sedimentan
dentro de la sociedad. La persistencia en la información
novedosa insensibiliza al público para reaccionar
frente a situaciones moralmente inaceptables (16).
Tampoco debemos dejar de lado el rol de los medios
en generar el culto al consumo. Según un ejecutivo
de TF1 (Televisión de Francia) la función de la
televisión es vender “tiempo del cerebro humano a los
anunciantes” (17). La publicidad manda a consumir y
la economía lo prohíbe. Las órdenes de consumo, obligatorias
para todos pero imposibles para la mayoría,
se traducen en invitaciones al delito; en particular en
países donde la justicia social se redujo a la justicia penal
(18). La confusión del tener como esencia del ser
genera uno de los principales motivos de discriminación
en los adolescentes, con la consecuente invasión o
exclusión violenta del otro como conquista de espacio
de pertenencia y el estímulo a conductas de riesgo para
alcanzar el objeto.
No hay forma de registrar los crímenes cotidianos
que la industria de la cultura de masas comete contra el
humano derecho a la identidad. A través de los medios
masivos de comunicación los dueños del mundo nos
comunican la obligación que todos tenemos de contemplarnos
en un espejo único, que refleja los valores de
la cultura de consumo.
La televisión ofrece el servicio
completo: no solo enseña a confundir la calidad de vida
con la cantidad de cosas sino que, además, brinda cotidianos
cursos audiovisuales de violencia, que los videojuegos
complementan. ¿Qué pasa con los millones
y millones de niños/as latinoamericanos/as que serán
jóvenes condenados a la desocupación o a los salarios
de hambre? La publicidad ¿estimula la demanda o, más
bien, promueve la violencia? (Galeano) (18).
Golpea antes de que te golpeen, aconsejan los
maestros electrónicos de los videojuegos. Investigaciones
actuales concluyen que los medios interactivos
(videojuegos, juegos en red, etc.) tienen un efecto mas
intenso y duradero sobre las conductas violentas del
usuario que la influencia que ejercen formas pasivas
como TV y cine.
Numerosos estudios muestran que
luego de jugar videojuegos violentos niños y adolescentes
se vuelven insensibles a la violencia, manifiestan
niveles altos de actitudes y conductas agresivas y
actúan con hostilidad.
Si bien hasta la fecha no existen datos concluyentes
que asocien conductas violentas con el consumo de música
con letras de contenido violento, hay suficientes estudios
que demuestran que la preferencia por la música
heavy metal (y otras formas musicales contemporáneas)
pueden ser un condicionante para la alienación, abuso
de substancias (adicciones), desórdenes siquiátricos,
riesgo de conductas suicidas, imitación de estereotipos
sexuales y conductas de riesgo en la adolescencia.
Existen teorías que sugieren que la exposición a la
violencia en la ficción actúa como elemento de catarsis
que reduciría la agresividad mediante la liberación
vicaria de la hostilidad; sin embargo los estudios diseñados
con el objeto de verificarlas encontraron un ostensible
incremento de la agresividad por la reducción
de los niveles de inhibición resultante.
Meta-análisis concluyen que existe una correlación
mas estrecha entre la exposición a la violencia en los
medios de comunicación y comportamiento agresivo
que entre el no-uso del condón y SIDA por transmisión
sexual, exposición al plomo y bajo cociente intelectual,
cáncer de pulmón y exposición pasiva al humo de tabaco,
consumo de calcio y masa ósea (19-21).
El rol de la escuela
La escuela tiene un importante papel modelador en
la formación del niño y de la niña. Su poder de socialización,
transmisión de pautas, conocimientos y valores,
es fundamental y prioritario en las primeras etapas del
desarrollo humano. Sin embargo entra tarde en la vida
del niño/a, pues la mayoría ingresa al proceso escolar
alrededor de los cuatro o cinco años, cuando las bases
del desarrollo de la persona ya están afianzadas y, en
algunos casos, las oportunidades de modificarlas están
perdidas.
El problema se agrava si analizamos los magros
presupuestos del estado en materia de educación, la sobrecarga
horaria docente para compensar los escasos
ingresos económicos y la deficitaria formación y capacitación
de los mismos (22).
Hace tiempo que el estudio del proceso de aprendizaje
enfatiza que la mejor estrategia de aprendizaje
pasa por el redescubrimiento y la reinvención. Esto es
especialmente importante en la adolescencia porque el
pensamiento operatorio formal es un pensamiento auto
reflexivo: no sólo conoce, sino que se apropia del modo
en que lo hace. Pero para eso se necesita que en la escuela
haya lugar para la duda, para la contradic¬ción,
para el error. Aprender es saber lo que se ignora. Aprender
es equivocarse y reconocerlo. Aprender es desconcertarse.
Aprender es imaginar, dar “saltos creativos”
con el pensamiento. En una palabra, teorizar. Este proceso
de aprendizaje no debería desvincularse del proceso
de socialización. Idealmente, la escuela debería ser
el ambiente en el que el niño/a adquiera en unos casos
y refuerce en otros, la capacidad para el trabajo, los valores
humanos y el compromiso social, juntamente con
los conocimientos de las Ciencias Básicas (23).
A pesar del reconocimiento de estas funciones
asignadas a la escuela, los diagnósticos la conciben
como un ambiente carenciado en el que el niño y el
adolescente sólo adquieren conocimientos, privados
de herramientas de pensamiento autónomo y con habilidades
sociales limitadas.
Sirvan como ejemplo las
calificaciones obtenidas en los exámenes de ingreso a
la universidad, las agresiones vandálicas entre alumnos
de “distinguidos” colegios y la escasa oferta de actividades
culturales, proyectos sociales y espacios de pensamiento
y reflexión. Hoy mas que nunca es importante
contribuir a transformar la “escuela educativa” en la
“escuela educadora” (P. Freire).
Violencia escolar
La mayor parte de los hechos violentos cometidos
por o hacia niños, niñas y adolescentes se registran en
el ámbito escolar y en horarios de clases. La mayoría de
los involucrados cree que recurren a la agresión como
una manera de defenderse o proteger a miembros de
su familia.
Llamativamente, mientras asumen haberse
involucrado en actos violentos, la mayoría no se ve a si
mismos como personas violentas (24).
Algunos factores que se relacionan con la violencia
escolar son:
• La gran cantidad de horas libres en la escuela.
• El gran ausentismo de profesores.
• La gran cantidad de alumnos por división.
• La falta de material didáctico.
• La tasa de repitentes no integrados.
• La falta de ejercido de una autoridad, que actúe
con firmeza y al mismo tiempo comprenda los
problemas.
• Los modelos descalificantes de los adultos, con
respecto al sistema social especialmente a los
docentes.
• La violencia de los medios de comunicación sobre
todo la TV.
• La falta de presencia policial preventiva, en los,
alrededores de la escuela.
• La violencia familiar generada por injusticias
sociales, económicas y desadaptaciones personales,
que llevan al deterioro del funcionamiento
familiar (25).
La deficiente formación académica desde el punto
de vista de la educación socioafectiva del individuo
se agrava por la interferencia de elementos que afectan
directa o indirectamente la comunicación y el lenguaje.
La TV desplazó a la lectura, pero no reemplazó el poderoso
estímulo que leer representa para el desarrollo
cerebral y la adquisición del lenguaje. La falta de tiempo
de comunicación y la carencia de elementos para
expresar los sentimientos y vivencias, modelando y reforzando
la construcción del yo, tienen un rol importante
en el fenómeno de la violencia claramente expresado
por Michéle Petit: “Cuando una persona no cuenta con
las palabras para pensarse a si mismo, para expresar su
angustia, su coraje, sus esperanzas, no queda mas que
el cuerpo para hablar: ya sea el cuerpo que grita con
todos los síntomas, ya sea el enfrentamiento violento de
un cuerpo con otro, la traducción en actos violentos”.
No se puede afirmar que exista un buen paradigma
conceptual desde el cual interpretar, en toda su dimensión,
la naturaleza psicológica y social del problema de
la violencia.
Los actos violentos están sujetos a un gran
sistema de relaciones interpersonales donde las emociones,
los sentimientos y los aspectos cognitivos están
presentes y configuran parte del ámbito educativo.
Asimismo están ligados a las situaciones familiares de
cada alumno/alumna y al ámbito social de la escuela.
La violencia escolar está conectada a la cultura envolvente
y a las estructuras de la sociedad, a la influencia
del grupo, al papel de la familia, de la escuela, de las
pantallas, de los medios de comunicación y de la sociedad
en general. Actualmente el fenómeno de la violencia
escolar está siendo reconocido como un problema
sobre el cual las propias escuelas tienen cierto grado de
responsabilidad (Ortega y Mora Merchan 2000) (26).
Epp y Watkinson (1999) refieren que como cumplimiento
de la ley, la violencia escolar es sinónimo de
actividades criminales que ocurren en la escuela, como
son las guerras entre pandillas, el uso ilegal de drogas,
el vandalismo, la posesión de armas y la agresión personal.
Desde la perspectiva de un educador, la violencia
en la escuela comprende aquellos comportamientos que
alteran gravemente el entorno seguro de aprendizaje de
un aula o de una escuela. Para los alumnos, “la violencia
escolar es cualquier cosa que nos haga sentir miedo
de venir y de estar en la escuela” (26).
Intimidación (Bullying)
El acto de molestar o intimidar es todo comporPediatr.
(Asunción), Vol. 34; Nº 1; 2007 41
tamiento agresivo que sea intencional y que implique
un desequilibrio de poder o de fuerzas y se repite en el
tiempo. Un niño o niña que está siendo molestado(a)
o intimidado(a) tiene dificultades para defenderse pues
se percibe en inferioridad de condiciones.
Las formas de intimidar pueden ser directas (contacto
físico, visual o verbal directo) o indirectas en función
a la presencia física del agresor ante el intimidado
(chismes, cartas anónimas o intimidatorias, e-mail,
SMS, etc.). Las modalidades incluyen conductas tales
como: golpear o empujar (intimidación física), burlar
o insultar (intimidación verbal), intimidación a través
de gestos, chismes o exclusión social (intimidación noverbal
o emocional), enviar mensajes insultantes por
correo electrónico, foros de Internet (Orkut y otros)
o SMS/MMS (mensajes a través de celulares) y las
formas que incorporan las tecnologías de manejo de
imágenes (cámaras fotográficas en teléfonos u ocultas,
edición de video y retoque o modificación fotográfica
digital) denominada “cyber-intimidación”.
Deben distinguirse la intimidación de los actos
violentos de otro tipo. En la intimidación la relación
entre la victima y el agresor es asimétrica, reiterada en
el tiempo y muchas veces oculta y desconocida por los
adultos que conforman el sistema escolar-familiar.
Los
actos de violencia que se producen fuera de este contexto
responden a diferentes causas y no deben confundirse,
pues el abordaje y erradicación requieren intervenciones
diferentes.
Si bien no hay datos en nuestro país, y las estadísticas
de diferentes países difieren en los resultados, se
estima que entre 10 y 20% de los niños/as escolares
son intimidados/as. La mayor incidencia se registra en
los alumnos de 2º grado (siete años) y decrece hasta
el noveno (27). Es necesario establecer modelos diagnósticos
mas adecuados y universales para determinar
tanto la incidencia local de intimidación como la morbilidad
en otros grupos etáreos, en los cuales es mas
difícil detectarla (Ej. preescolares que no comprenden
los términos de una encuesta anónima).
Hay algunas características que coinciden tanto en
los intimidadores como en las víctimas, aunque debemos
señalar la importancia de no caer en estereotipos.
Los individuos intimidadores manifiestan mayor
grado de agresividad hacia los maestros/as y tienen
una actitud mas positiva hacia la violencia y el uso de
medios violentos para someter a otros. Tampoco demuestran
sentimientos de empatía por las víctimas de
intimidación o agresión. Se muestran satisfechos cuando
consiguen mantener el control (dominación) de los
demás y tienen fuertes deseos de poder a la vez que no
sufren de baja autoestima y presentan niveles de ansiedad
e inseguridad promedio o bajos.
Por otro lado las víctimas, en general, son físicamente
más débiles y pequeños/as. A menudo se muestran
cautelosos, sensibles y tranquilos y reaccionan en
forma pasiva (llorando o retrayéndose) y con mayor
angustia. Suelen estar solos y abandonados en la escuela
y se sienten fracasados, estúpidos, avergonzados
y poco atractivos. Otro grupo de víctimas, denominado
“víctimas provocativas” se caracteriza por un comportamiento
instigador hacia el intimidador con una fuerte
carga de angustia, alentando la agresión.
Los datos revelan que se registran mayores eventos
de agresión en el patio escolar y en los períodos
de recreo u horarios de almuerzo, lo cual coincide con
el paradigma que encuentra correlación directa entre la
falta de vigilancia y los eventos de intimidación. También
se registran eventos intimidatorios fuera de la escuela
y/o en el camino a esta, donde la vigilancia es
nula. Llamativamente no hay diferencia en los datos de
intimidación de escuelas pequeñas y aulas con pocos
alumnos comparados con los datos provenientes de escuelas
grandes y con alta densidad de alumnos por clase,
aunque en estas últimas aumenta el grado de probabilidad.
Independientemente al tamaño ciertas escuelas
tienen mayores problemas de intimidación y violencia
que otras; aparentemente los peores problemas se registran
en aquellas escuelas en la que los adultos toleran
la intimidación y en la que hay más niños que padecen
situaciones de familias disfuncionales (27).
Debemos enfatizar que la intimidación genera consecuencias
que afectan directamente la salud de niños,
niñas y adolescentes, además de perturbar el proceso de
aprendizaje; víctimas, victimarios y testigos son perturbados
de diferente forma, pero siempre con resultados
perjudiciales.
Para las víctimas de intimidación la escuela se
transforma en un espacio hostil y peligroso y transcurren
su vida escolar en permanente angustia y temor.
Este temor genera depresión, baja autoestima y ausentismo
crónico, que en ocasiones puede llegar al suicidio
o al asesinato (27). Las matanzas que conmocionaron a
la opinión pública como Columbine (USA), Carmen de
Patagones (Argentina) y Virginia Tech (USA), refuerzan
este último concepto: los niños/as y adolescentes
intimidados pueden reaccionar en forma violenta y descontrolada
(28-30).
Por otro lado los adolescentes intimidadores presentan
conductas criminales en la edad adulta. Un estudio
de 1991 encontró que el 60% de los varones clasificados
como intimidadores entre el sexto y noveno
grado tenían por lo menos una condena criminal a los
24 años y del 35 al 40% tenía tres o mas condenas a
esa edad, contra un 10% de la población de control que
no fueron victimarios ni víctimas de niños. Es probable
que esta sea una razón que nos obligue a movilizar todos
los recursos humanos y técnicos relacionados para
ocuparnos de la intimidación.
La apatía de los adultos
transmite a los niños/as un mensaje equívoco: que este
comportamiento es permitido, aceptable y premiado
con poder, produciendo un refuerzo positivo de la actividad
criminal en la edad adulta (27).
Como pediatras nuestro rol es importante, tanto en
el diagnóstico clínico del paciente vulnerable y asesoramiento
de crianza a los padres, como las recomendaciones
y consejo a las escuelas y colegios.
Dentro de las recomendaciones de prevención de la
intimidación se sugieren: (31)
• Concursos de afiches y otras expresiones artísticas
(música, danza, teatro, literatura, etc.)
• Espacios y tiempos para la reflexión
• Debates, cine debates
• Proyectos comunitarios altruistas
• Programas dirigidos a estimular relaciones interpersonales
• Eventos especiales (Charlas, visitas a autoridades,
cárceles, etc.)
• Recompensas: señaladores, botones, stickers,
etc.
• Identificación de “aulas pacificas” mediante
banderas o pancartas
• Discusiones regulares y estructuradas en el aula
• Análisis crítico de la publicidad y los medios de
comunicación.
El adolescente delincuente
Se distinguen dos tipos de adolescentes que delinquen.
Un grupo está constituido por adolescentes
normales que no presentan sicopatología y el otro
comprende aquellos que presentan una personalidad
caracteropática. Los adolescentes en este grupo manifiestan
inaptabilidad a toda forma de contención,
esquemas o represión; impulsividad (respuestas inmediatas
y violentas); inafectividad o apatía emocional y
amoralidad.
Las características personales y el entorno social
carente facilitan el fracaso escolar, las adicciones y el
relacionamiento con pares con comportamientos marginales
(violentos, antisociales o delincuentes). Según
interactúen estos elementos en un contexto carente de
normas y modelos, el adolescente se vuelve susceptible
de entrar en el espiral de delincuencia que se agrava a
medida que aumenta la convivencia con adultos delincuentes
(32).
Infancia y armas
Un problema que genera controversia es la tenencia
de armas de fuego en el hogar, ya sea como medio
de defensa o para la práctica deportiva. El Código de
la Niñez y la Adolescencia en el Articulo 32 prohíbe
la venta o suministro a menores de armas, municiones
y explosivos; bebidas alcohólicas, tabaco y sustancias
psicotrópicas y fuegos de estampido o artificio (33).
Lamentablemente los adolescentes acceden al alcohol
y armas dentro de su domicilio, con la complicidad de
los padres y fuera del control de las autoridades.
Existe un alarmante incremento de muertes violentas
en la infancia y adolescencia asociadas a armas de
fuego.
En EEUU representa la segunda causa de muerte
luego de los accidentes de tránsito. En junio de 2004
por medio de un comunicado de prensa Unicef pidió
alejar a niños de armas reconociendo que son los jóvenes
y niños las principales víctimas (34).
Según los informes del departamento de estadística
del Centro de Emergencias Medicas dependiente del
Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social, entre
enero y agosto de 2005 ingresaron por consultorio o
internación 1943 menores de 19 años lesionados por
accidentes de tránsito, armas de fuego, arma blanca o
por intento de suicidio. La mortalidad total fue de 31
menores (incidencia relativa de 1,6%) (Tabla 1). Lo
alarmante es que cuando se analizan las series individuales,
la letalidad por armas de fuego es 10 veces superior
a la de los accidentes automovilísticos, 3 veces
superior la letalidad de lesiones por arma blanca y 1,6
veces superior a la letalidad de intentos de suicidio (p<
0.01).

Rol del pediatra en la prevención de la violencia
De lo antes expuesto el rol del pediatra es fundamental
en el diagnóstico y prevención de la violencia
en la infancia y adolescencia, para lo cual debemos:
• Identificar violencia en los padres o el entorno
de crianza
• Identificar y analizar las modalidades de crianza
• Identificar niños con riesgos biológicos
• Identificar comportamientos que predisponen a
la violencia
- Consumo de drogas
- Fracaso escolar
- Pobreza, desempleo parental
- Pertenencia a pandillas o grupos antisociales
• Identificar y discutir el tema de las armas de
fuego
• Fomentar la autoestima y asertividad.
Los pediatras debemos involucrarnos como guías y
consejeros de padres y docentes.
Dentro de las orientaciones a los padres de adolescentes
debemos sugerirles que dediquen tiempo a sus
hijos, que estimulen las conductas positivas y respeten
la necesidad de privacidad de los mismos. Es importante
discutir sobre la creación de límites y el análisis
de las consecuencias relacionadas con la infracción y
fomentar el diálogo sobre sexualidad. Debemos enfatizar
a los adultos relacionados con el adolescente sobre
la necesidad de generar modelos de buena conducta,
incluida la promoción de salud. A medida que avanza la
adolescencia se irán incorporando temas relacionados
con la seguridad al conducir automóviles y conductas
frente al consumo de alcohol (35).
Autoestima y asertividad.
El sentimiento de valía personal es un factor clave
para que una persona goce de una vida plena de libertad
y responsabilidad. La autoestima depende del sentido
de seguridad que se va construyendo uno al marcarse
límites alcanzables y realistas; del sentido de la identidad
que se forma al transmitir afecto y aceptación y
del sentido de la pertenencia que se crea al fomentar las
relaciones personales e interpersonales y crear un buen
ambiente.
El niño/a y adolescente necesita sentirse bien consigo
mismo sabiendo que forma parte de un grupo (la
familia, los amigos) que los acepta y quiere. Los factores
que influyen en el desarrollo de la autoestima son:
sentirse especial (que responde a la necesidad de saberse
alguien singular y disponer de un espacio para
expresarse); sentirse capaz (implica que la persona
dispone de medios para hacer lo que se propone y que
en muchos casos lo logrará con éxito) y tener modelos
positivos que seguir e imitar.
La asertividad es la habilidad social que ayuda a
comunicar los sentimientos, los deseos y las propias
ideas de forma clara y decidida. Es una conducta que se
aprende y que ayuda a relacionarse con los demás. Ser
asertivo implica comunicarse con clari¬dad, mostrarse
seguro ante la propia posición, tener buena autoestima
y saber decir lo que se piensa en el momento oportuno,
aceptando las críticas y rechazando con firmeza aquello
que no responde a los principios morales o que es percibido
como perjudicial (36).
CONCLUSIÓN
Es indiscutible que la adolescencia es una etapa
de la vida de trayectorias turbulentas. Una etapa difícil
también para los adultos, padres, docentes y pediatras
que debemos sostener los embates de la nueva generación
que cuestiona los valores en los que creemos,
el mundo que consideramos valioso. Debemos someternos
permanentemente a la movilización que significa
replantearnos la propia escala de valores, el propio
compromiso con la vida, porque los adolescen¬tes
son jueces hipercríticos. Debemos tolerar el desgaste
que significa ser idealizados, para que los adolescentes
avancen paulatinamente desde la idealización hacia el
encuentro con la realidad. Muchos adultos sucumben
ante la responsabilidad de crecer con los hijos, delegando
la responsabilidad de la crianza a los abuelos,
instituciones o niñeras.
Debemos entender que la máxima energía del adolescente
está puesta al servicio de la discriminación de
su identidad. Necesita recortar su persona de las personas
de los otros - adultos y pares - recortar su generación
de la que le antecede. Su motivación está volcada
esencialmente hacia el campo de la socialización entre
pares.
Ambas crisis, de padres y adolescentes, pueden
reconciliarse cuando se generan espacios para desarrollar
actitudes asertivas y resolución de conflictos. Los
modelos de interacción familiar generalmente se nutren
de las experiencias sociales y familiares previas. En la
primera infancia la ausencia de modelos o modelos inadecuados
generan una figura parental deformada y deformante,
sin esquemas sociales o morales adecuados.
El ingreso escolar puede agravar las crisis no resueltas
o las actitudes equivocas. En general la escuela
rigidiza el intercambio entre alumnos y docentes, no
permitiendo la confrontación, necesaria para el crecimiento
de ambos. El pasaje a la inteligencia operatoria
formal requiere ineludiblemente del estímulo social.
Esto implica que debería ser uno de los objetivos del
nivel medio el entrenamiento sistemático en el uso del
pensamiento hipotético-deductivo en el contexto social
y ambiental del niño/a.
La suma de crisis dentro del “deterioro ecológico”
imperante (falta de contención familiar y social adecuada, la desmotivación producto de un proceso educativo
que prioriza el contenido olvidando del desarrollo social,
modelos inadecuados, etc.) empuja al adolescente
a la calle como espacio de interacción con sus pares o
como un lugar neutral. Esta exclusión también es inducida
por el sistema educativo (desde la obligatoriedad
de hacer tareas en Cyber cafés y otros lugares sin vigilancia
hasta la expulsión) y por los mismos padres que
prefieren evitar el trastorno de tener a los adolescentes
y sus amigos/as en la casa. Así se nace la generación
de los “hijos de la calle”. La convivencia en la “calle”
puede distorsionar aún más sus esque¬mas por las escalas
de valores anómalas que reciben en un espacio
donde se glorifica la violencia como un elemento de
supervivencia.
El adolescente paraguayo está expuesto además
al consumo de alcohol, drogas y armas, dentro y fuera
del hogar. La encuesta de la SENAD determinó que
en una muestra de 6300 niños/as y adolescentes de 12
a 18 años realizada en colegios públicos, privados y
subvencionados de la capital e interior del país 4 de cada 10 consume alcohol a diario, el 14.8% consume
tranquilizantes o sedantes, 1 de cada 100 alumnos de 8º
Grado (13 – 14 años) probó marihuana y 5 de cada 100
alumnos de 3º Curso (ex 6º curso) consume marihuana
regularmente, alegando que es muy fácil de obtener.
En
relación al alcohol el lugar de inicio de la adicción es
el hogar (5).
Debemos analizar también el riesgo generado por
la disponibilidad de armas de fuego que no puede identificarse
por la escasa información disponible o sub registros
oficiales.
Pero sin lugar a dudas la violencia cotidiana es la
violencia social. Bertold Brecht escribió: “en los países
democráticos no se revela el carácter de violencia que
tiene la economía; en los países autoritarios ocurre lo
mismo con el carácter económico de la violencia”. La
violencia hunde sus raíces en la pobreza, la exclusión, la
falta de acceso a servicios básicos como la sanidad y la
educación y crece en las familias desestructuradas que
empujan a los adolescentes a buscar en la calle o en la
TV la figura parental que no encontraron en el hogar.
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