Editorial
Sida en infancia y adolescencia: ¿Aprendemos de lo que sabemos?
AIDS in Childhood and Adolescence:
Will we learn from what we know?
Dr. Néstor Zawadzki
“Si el hombre es formado por las circunstancias entonces
formemos las circunstancias humanamente” J. Saramago.
Puede parecer paradójico que en este siglo denominado
La Era de la Información la confusión se
constituya en el nudo gordiano de la salud pública. Se
atribuye al epidemiólogo Geoffrey Rose el reconocer
que “un gran número de personas expuestas a un riesgo
leve pueden generar más casos que un número reducido
de personas expuestas a un gran riesgo” y cuando de
confusión se trata, nada mas atinado. Un ejemplo es la
pandemia de VIH/SIDA en el contexto de las prácticas
sexuales y adicciones en la adolescencia.
Como pediatras hemos recibido mucha información
sobre el adolescente y su mundo. Las neurociencias
nos indican que unos pocos neurotransmisores
determinan los patrones emocionales y condicionan
costumbres, percepción de la vida y relaciones afectivas,
reduciendo el comportamiento sexual a un minimalismo
químico que determina un plazo biológico a
los afectos. (Hoffmann)
La psicología aportó el mapa para andar y desandar
los más intrincados caminos de la mente y entender
que “en el niño el alma no ha tenido tiempo suficiente
para labrar su propio retrato en el cuerpo a su servicio”
(Ortega); que la ventana del televisor no solo interpreta
vidas ajenas, sino que modela la propia.
La sociología demuestra que evolucionamos en
algún sentido y generamos nuevos patrones de adaptación,
conducta y de relacionamiento sobre la base de la
supervivencia del más apto. Charles Darwin, padre de
la Teoría de la Evolución, evitaba de forma consciente
utilizar la palabra evolución, por las connotaciones, no
de cambio, que sí las tiene, sino de cambio con progreso
o mejora, lo que para él carecía de un estricto rigor
biológico. La historia demuestra que en este inexorable
apuro biológico, aún no aprendimos de los errores y
probablemente los seres inferiores en la escala biológica,
podrían estar mejor adaptados a la supervivencia
(Mora). Incorporamos mucho conocimiento pero ¿hemos
aprendido en este proceso o nos quedamos atónitos
recopilando datos?
Somos un organismo complejo que contempla
su entorno y que se contempla a sí mismo. Nos percibimos
como un cuerpo que ocupa un espacio en un
mundo físico que contiene otros cuerpos. La vida tiene
dos caras. “La” vida “biológica” que percibimos como
una propiedad esencial y “nuestra” vida “anímica”, que
sentimos, pensamos y hacemos. Este proceso vital presenta
un período de crisis determinado por los intentos
de ensayo y error de opciones mas adecuadas en la transición
hacia la vida adulta.
Muchas culturas facilitaron este proceso por la
instauración de rituales y prácticas de iniciación o de
inserción en el rol adulto de la comunidad, donde los
adultos delimitaban y acompañaban el proceso como
referente. Sin embargo, la modernidad que exige el
cambio mágico de aquello que parezca primitivo, reemplazó
estas prácticas colectivas por procesos más
bien individualistas bajo el lema de ejercicio de la libertad
como acción irrestricta. La confusión emocional
e intelectual de esta etapa no considera el perjuicio
irresponsable generado por esta acción. El adolescente
oscila permanentemente entre la “insostenible levedad”
de ser absolutamente irresponsable, dado que frente a
un mundo físico absolutamente determinado da lo mismo
cualquier cosa que se haga, y la “insoportable gravedad”
de ser absolutamente responsable, dado que los
actores de una historia pueden alterar lo que acontece
en ella (Chiozza).
La angustia que acompaña este proceso y la soledad
implícita y explícita sugieren alternativas de evasión,
prácticas que se ocultan en la perversa tranquilidad de
aquellos que en vez de diseñar y ejecutar estrategias de
contención y políticas públicas de prevención y protección
del adolescente, optan por la ignorancia o el beneficio
oportunista. (Sirva como ejemplo la anulación
de la ordenanza municipal 114/03 (“Edicto Riera”) a
cambio de votos en las últimas elecciones municipales
de Asunción.)
Los datos del Observatorio Paraguayo de Drogas
SENAD) (1) revelan que en Asunción la edad de inicio
el consumo de alcohol, tabaco y tranquilizantes es
alrededor de 13,5 años; el consumo de marihuana
cocaína se inicia promediando los 15,2 años. Estas
edades coinciden con las de inicio de actividad sexual y
demuestran una alarmante realidad: la fractura entre libertad
y responsabilidad, es decir la pérdida del instinto
protección bajo la alienación del alcohol, medicamentos
de acción psicotrópica y/o drogas ilícitas.
En este contexto, el aporte del artículo original
Conocimientos, actitudes y prácticas acerca del VIH/
SIDA en jóvenes de nivel medio de educación, del área
metropolitana, Paraguay” (2) aporta una valiosísima
información en dos sentidos: nos muestra la realidad
desde la perspectiva de los niños y adolescentes que
son nuestros pacientes y, por otro lado, nos llama a la
reflexión y el análisis acerca de nuestros propios conocimientos
al respecto y la responsabilidad de actuar
como agentes multiplicadores de información adecuada
y oportuna. Sin lugar a dudas el adolescente vive
tiempos difíciles, pero una fórmula para sobrevivir a
estos tiempos sea, como sugiere Hoffmann, “construir
el amor a través de actos de confianza que refuercen
el vínculo y con pruebas de la eficacia que cada uno
tiene para contener al otro”. En materia de sexualidad,
cuando la confusión impera, podemos coincidir con
Eduardo Galeano en que desnudarse debe imponer necesariamente
el “desdudarse”. (3)
Bibliografía
1.- Secretaría Nacional Anti Drogas (SENAD. Observatorio
Paraguayo de Drogas. Consumo de sustancias
psicoactivas en estudiantes: resultados de la
encuesta nacional sobre prevalencia de consumo de
drogas, factores de riesgo y prevención en jóvenes
escolarizados de 12 a 18 años. Asunción: OEA/CICAD;
2004.
2.-Macchi ML, Benitez Leite S, Corvalán A, Nuñez C,
Ortigoza D. Conocimientos, actitudes y práctivas
acerca del VIH/SIDA en jóvenes de nivel medio de
educación, del área metropolitana, Paraguay. Pediatr.
(Asunción). 2006;33(2):98-107.
3.- Galeano E. La noche: “arránqueme, señora, las ropas
y las dudas. Desnúdeme, desdúdeme.” En: Galeano
E. El viaje. Madrid: Kliczkowski; 2006.p.18.