PEDIATRÍA
Órgano Oficial de la Sociedad Paraguaya de Pediatría

Volumen 31 - Número 1 (Enero - Junio 2004)
ISSN 1683-9803


Editorial

El niño y el adolescente ante desastres
The child and the teenager in disasters

El 1º de Agosto pasado la ciudad de Asunción fue conmocionada por una tragedia de magnitud tal, dado los cuantiosos muertos y lesionados, que sus consecuencias tuvieron repercusiones nacionales e internacionales.
Es difícil asumir que en una soleada y fresca mañana de domingo, en un mediodía donde las familias se aprestaban a reunirse alrededor de una mesa familiar, la radio y la televisión comenzara a pasarnos información e imágenes de un hecho colosal por nosotros nunca antes conocido.
Como padres y como pediatras nos surge inmediatamente la pregunta: hasta donde esas informaciones y esas imágenes pueden producir daño a los niños testigos de ellas?. ¿Es, o no, correcto que dejemos participar a los niños de esa tragedia o es, quizás, mejor que tratemos de aislarlos de ellas y ocultarles lo ocurrido?.
Es indudable que la magnitud de la tragedia tendrá impacto diferente según la edad del niño que la presencie en pantalla o la lea o escuche en otros medios masivos de comunicación.
El lactante y el preescolar pueden permanecer impasibles ante lo que para nosotros es trágico. La capacidad de ellos para valorar el concepto de muerte no tiene la implicancia de lo definitivo e irremediable de la pérdida de un familiar o un amigo.
Sin embargo el niño escolar, y más aún el adolescente pueden sentirse desagradablemente impactados por tanto dolor, tantas lagrimas y tanto horror y deberán ser los padres, u otros familiares los que tendrán la obligación de limitar la exposición de ellos a estos sucesos y sobre todo a su exposición a las imágenes televisivas de los mismos, y acompañarlos en la discusión y comentarios, tratando de poner alguna nota de esperanza y seguridad de que ellos estarán siempre protegidos y acompañados.
Los padres deberán escuchar las preguntas que a esas edades planteen y buscar las respuestas que les den la confianza necesaria de que ellos no sufrirán consecuencias.
Las respuestas a las preguntas de los niños de edad escolar deberán siempre ser honestas, claras y simples. Sin negar la tristeza por lo ocurrido se deberá transmitir al niño de edad escolar la satisfacción por no haber sufrido ningún daño familiar e instarlos a reasumir lo más pronto posible sus tareas habituales. Los adolescentes, por su parte, ya pueden comprender las causas y los efectos de las tragedias lo mismo que los adultos. Lo habitual es que ellos ya reaccionen con sentimientos de tristeza y de enojo ante lo ocurrido. Puede ayudarles sin embargo a sobrellevar los acontecimientos, el instarles a participar de actividades de ayuda a los damnificados por los sucesos.
Los pediatras, como custodios solidarios, con los padres, de la salud física y mental de niños y adolescentes deben estar preparados para brindar los consejos adecuados frente a las inquietudes que los padres planteen y la Sociedad Paraguaya de Pediatría (S.P.P.) está conciente de ello.
Como lógica y esperada consecuencia de toda la tragedia del 1 de Agosto comenzarán la búsqueda de los responsables o culpables de lo ocurrido. Es de esperar que los mismos sean individualizados y asuman como tales sus responsabilidades. Eso ya incumbe a otras instancias que sobrepasan a la S.P.P.
Entre tanto es nuestra labor ayudar a paliar, dentro de lo posible, tanta angustia, tanto dolor, por los niños fundamentalmente, cuyas vidas fueron truncadas en lo mejor de su existencia, y por sus padres, hermanos, tíos y abuelos que hoy los han acompañado en esta tragedia o que impotentes lloran esta desgracia.
En ese sentido la S.P.P. se ha sumado al enorme esfuerz
o solidario nacional e internacional que tan espontáneamente ha brotado luego del desastre del 1 de Agosto.
La S.P.P. siente en carne propia todo el dolor de los directamente afectados, sobre todo el dolor y muerte de tantos niños, la mayoría de ellos pacientes nuestros.
La S.P.P. es solidaria con la enorme tristeza que ha enlutado a tantos hogares paraguayos. Pero por sobre todos estos sentimientos, la S.P.P. se une solidariamente a todos aquellos que, a gritos, o que aún con su silencio, exclaman con voces y letras mayúsculas !NUNCA MÁS!


Prof. Dr. Juan Jaime Bestard

Volumen 31 Número 1 Enero - Junio
2004